La ley de la atracción

Todos los pensamientos que generamos emplean energía pura, tomada del cosmos. Al penetrar a nuestra mente, nosotros transformamos esa energía haciendo uso de nuestro libre albedrío en energía usada en forma positiva o negativa.

Así como hemos construido nuestros cielos y nuestros infiernos, esta ley nos demuestra que:

  • No hay víctima inocente. O como diría Ganesha: “Todos tenemos lo que merecemos.”

Pero debido a la ley de atracción, que también se le puede llamar de afinidad o de multiplicación, igual atrae a igual. Y es por eso que la energía de nuestros pensamientos o actos se convierten en antenas y van a atraer exactamente lo que pensamos o lo que decimos, pero multiplicado.

En su curso rotativo antes de regresar a nosotros, nuestro pensamiento va a conectarse con otros pensamientos de la misma especie, y así cada átomo de esa energía se me regresa multiplicado.

Todo esto es lo que pasa con nuestras antenas.

  • Lo que temes, eso es lo que atraes: Temo que me roben… ¡Y te roban! Temo enfermarme en el viaje… ¡Y té enfermas!
  • Lo que no quieras ver, en tu casa lo has de tener: No soporto a ese hombre… y ese es con el que tu hija se casa. No quiero gente irresponsable… ¡y eres quien sostiene a toda la familia!
  • Lo que no puedas aceptar eso te da la vida: No tolero a los homosexuales… ¡Y tu hijo lo es!
  • Lo que más te disgusta es lo que tiene a tu alrededor: Me choca la gente chismosa… ¡Y tu oficina es un nido de víboras!
  • Lo que menos admites, es tu realidad: Me mata que me mientan… ¡Y el marido la engaña!
  • Lo que estas de continuo negando, eso es lo que vives: Odio la pobreza… Vive como millonario, pero esta hundido en deudas.
  • Lo que te causa gran enojo, eso es lo que sientes: No aguanto que me falten al respeto… ¡Y todo el mundo te ofende!
  • Lo que nunca creías que pasaría… Lo vives: Si me deja mi marido… ¡Me muero!, y el marido la abandono hace 15 años. Si se me muriera un hijo, no sé lo que me pasaría… ¡Casi se volvió loca del dolor!

El poder de la mente es arma de dos filos, puede hacernos felices o puede destruirnos, ¡Tu eliges!

Esta ley de afinidad se aplica también a la regla:

  • Dime con quien andas y té diré quien eres.
  • Eres libre pensador… andas entre los liberales.
  • Eres triunfador….. Circulas entre los intrépidos y millonarios.
  • Eres fracasado… te mezclas con los pobres y acomplejados.
  • Eres masoquista… ves películas que te hagan sufrir.
  • Eres víctima… te enganchas con los problemas de todos y tratas de resolverlos, o trabajas sin que nadie te lo agradezca.
  • Estás descontento con lo que eres, participas en protestas ajenas.

Y ahora que ya sabemos como hemos creado nuestros cielos o nuestros infiernos, imaginen ustedes lo que pasa sabiendo que igual atrae igual:

  • Odio a los gorrones… Siempre le toca pagar las cuentas.
  • Me persiguen los casados… Siempre sé vera en problemas.
  • No la trago ni en pintura… siempre se topa con ella.
  • Detesto a los hipócritas… Esta rodeada de aduladores.

Y veamos como esta ley justiciera ayuda a la envidia:

  • Que suerte tiene ese hombre con las mujeres.
  • Yo no sé que le ven los hombres a esa muchacha.
  • Ese siempre tiene muy buena suerte.
  • ¿Por qué ella tiene más que yo?
  • ¿Por qué a mi no me va como a él?
  • Mírala, se cree la gran cosa.
  • Ella siempre tiene dinero.
  • No se como le hace, pero siempre le va bien.

Con la envidia apoyamos la creencia y estamos con eso dándole mas energía a la realidad de la persona envidiada.

La ley de atracción, llamada también de multiplicación, tiene un factor de redención maravilloso: la caridad, el diezmo, la ayuda desinteresada que damos a otros se nos regresa también, ¡pero multiplicada!

Cuando aprendas a dar, igual que amar, las bendiciones de tu vida se multiplicaran con creces.

Aprende la ley de abundancia a través del gozo de dar y de saber compartir lo que tienes.

Los países más civilizados, los que mas ayuda económica dan a los demás, son los que mas tienen, son los que gozan de la abundancia.

Toda sociedad debe estar educada para compartir. Solo así se evitan los dramas entre excesiva riqueza y flagelante pobreza.

Si todos aprendemos a dar, enseñamos a la humanidad a multiplicar para mas recibir.

Dar es recibir y esa es la ley. En la medida en que tu des, en esa medida y mas recibirás.

No es este un principio moral sino más psicoterapéutico pues te lleva a la paz interior.

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