Contratos ocultos

Conversación familiar:

Padre: -María, quiero que me ayudes a arreglar mis papeles para la auditoría que tengo el lunes.

Hija: -¡Pero papá! ¡Es sábado a la tarde! Quiero ir a la playa con mis amigos! Te ayudaré más tarde.

Padre: -¡Más tarde! ¿Oiste bien? Debo ir el lunes. Después de todas las veces que te llevé a la playa ¿no puedes sacrificar una mísera tarde para tu padre?

Hija: -Lo siento, papá. Cuando era niña y me llevabas a la playa no me dí cuenta de que estaba haciendo un trato para que te ayudara hoy con los impuestos.

Aquí tenemos un Contrato Oculto: es un acuerdo tácito con otra persona. En este caso, el padre impone una obligación de la cual la hija no sabía nada.

Debido a que él le ofreció su tiempo cuando era niña, ahora ella que ya es mayor, debe tener tiempo para él.

Veamos otros ejemplos:

* Estoy chapada a la antigua. Me entregué a ti porque estaba segura de que te casarías conmigo.

* Te invito a mis fiestas, por lo tanto espero que me invites a las tuyas…

* Te contraté cuando eras un don nadie sin experiencia. Ahora que eres útil, tienes la obligación de permanecer en la compañía.

* Papá y yo compramos ésta casa con el apartamento porque supusimos que cuando te casaras, vivirías con nosotros. No es posible que Sara y tú se vayan a vivir solos.

Las condiciones del Contrato Oculto son tácitas y unilaterales. Una de las partes considera que el contrato es obligatorio. La otra parte ni siquiera es consciente de que existe tal contrato.

El Contrato Oculto es una invitación abierta a la desilusión, al resentimiento, a la ira y al rechazo.

No tenemos derecho a esperar que otra persona respete un Contrato Oculto. Y no tenemos obligación alguna respecto de un contrato que sólo existe en la mente de otra persona.

Al intentar retener a una persona con un Contrato Oculto, somos como aquellos que esperan alabanzas, gratitud o felicitaciones. Nos “merecemos” que la otra persona respete su parte del contrato. Nos lo deben, incluso si la otra persona no sabia que existiera ese contrato.

Si alguien – un cónyuge, amigo o pariente- entra a formar parte de un contrato a sabiendas y de buena gana, de acuerdo, en ese caso tienen una obligación hacia nosotros. Pero no es lo mismo si repentinamente exhibimos el Contrato Oculto y exigimos que se cumpla.

Sólo hemos hallado otra manera de reforzar un hábito emocional negativo, en particular, el rechazo, como en los siguientes ejemplos:

* Fui una tonta, una idiota al entregarme a ese hombre. Nunca tuvo la intención de casarse conmigo.

* Los hemos recibido en casa tres veces, pero ellos no nos han invitado ni una sola vez.

* Contraté a ese ingrato cuando no sabia reconocer entre un debe y un haber.

¡Ahora quiere poner su propia compañía para hacernos la competencia!

El Contrato Oculto ni siquiera vale el papel en el que está escrito.

Haz lo que hagas porque sientes que es lo correcto, o lo que realmente quieras hacer. Y no exhibas luego el Contrato Oculto, esperando tu recompensa, o desilusión.

¿Damos esperando recibir algo a cambio?

¿Ayudamos esperando a que nos ayuden?

¿Amamos a cambio de que nos amen?

¿Invitamos a una persona a nuestro hogar para que luego nos invite al suyo?

¿Regalamos pensando en qué nos regalaran?

¿Qué contratos ocultos hay en nosotros?

Cuántas personas van por la vida ocultando sus contratos, cuántos son los que esperan que los demás respondan a sus necesidades porque dieron o hicieron algo por esas personas…

Cuántos son los que se sienten heridos porque dieron algo esperando recibir o se solidarizaron esperando una retribución…

… o tendieron su mano solo pensando en que cuando necesitaran ayuda otras manos las sacarían del pozo y cuántos son los que sufren por esto, los que dicen: – hice tanto y no recibí nada…; – no tiene memoria; o lo que es peor sacan un contrato que nadie conocía y quieren hacer cumplir a modo de ley todos sus artículos, todos sus items.

Que grave error pasar por la vida dando pensando en recibir,o haciendo cosas solo por asegurarnos que otros luego nos gratificarán con cosas iguales a cambio de lo realizado.

Es tiempo de dar, de hacer, de ofrecer pero sin esperar nada a cambio,solo seguros de que estamos en lo correcto, solo porque sentimos deseos de hacerlo, solo porque tenemos ganas.

Dejemos sin efecto esos “contratos ocultos” que nos llevan lentamente a la desilusión, a la defraudación, al rechazo…

La mejor recompensa es saber que hicimos lo correcto en el momento justo, ni antes ni después… Porque así lo sentimos y porque así lo deseamos sin esperar nada a cambio.

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