El viejo que confundía todo

G.I. Gurdjeff fue una de las personalidades más intrigantes de este siglo. Bastante conocido en los círculos que estudian ocultismo, todavía permanece ignorado como un importante estudioso de la psicología humana.

La historia que sigue ocurre cuando él, ya viviendo en París, creó su famoso Instituto para el desarrollo del hombre.

Las clases eran siempre muy concurridas. Pero entre los alumnos había un viejo -siempre de mal humor-que no paraba de criticar lo que allí se enseñaba. Decía que Gurdjeff era un charlatán, que sus métodos carecían de base científica, y que el hecho de considerarse un “mago” nada tenía que ver con su verdadera condición. Los alumnos se sentían molestos con la presencia de aquel viejo, pero a Gurdjeff parecía no importarle.

Un hermoso día, el dejó el grupo. Todos se sintieron aliviados, y pensaron que en el futuro las clases serían más tranquilas y productivas. Para sorpresa de los alumnos, sin embargo, Gurdjeff fue hasta la casa del hombre, y le pidió que volviera a asistir al Instituto.

El viejo al principio se rehusó, y sólo aceptó cuando le fue ofrecido un salario para que asistiera a las clases.

La historia enseguida se supo. Los estudiantes, enojados, quisieron saber por qué un maestro recompensaba a alguien que no había aprendido cosa alguna.

-La verdad, yo le estoy pagando para que continúe dando sus clases -fue la respuesta.

-¿Cómo? -insistieron los alumnos. -Todo lo que él hace contradice lo que usted nos está enseñando.

-Exactamente -siguió Gurdjeff. -Si no lo tuviera cerca, a ustedes les costaría mucho aprender qué es la rabia, la intolerancia, la impaciencia, la falta de compasión.

“Sin embargo, con este viejo como ejemplo vivo, mostrando que dichos sentimientos vuelven la vida de cualquier comunidad un infierno, el aprendizaje es mucho más rápido.

“Ustedes me pagan para aprender a vivir en armonía, y yo contraté a este hombre para que me ayude a enseñarles todo esto -por el camino opuesto.

Paulo Coelho

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