Posesividad

Caminaba distraídamente por la calle cuando la vio.

Era una enorme y hermosa montaña de oro.

El sol le daba de lleno y al rozar su superficie reflejaba tornasoles multicolores, que la hacían parecer un personaje galáctico salido de una película de Spielberg.

Se quedó un rato mirándola como hipnotizado.

-¿Tendrá dueño? -pensó.

Miró para todos lados, pero nadie estaba a la vista.

Al fin, se acercó y la tocó.

Estaba tibia.

Pasando los dedos por su superficie, le pareció que su suavidad era la correspondencia táctil perfecta de su luminosidad y de su belleza.

-La quiero para mí -pensó..Muy suavemente la levantó y comenzó a caminar con ella en brazos, hacia las afueras de la ciudad.

Fascinado, entró lentamente en el bosque y se dirigió al claro.

Allí, bajo el sol de la tarde, la colocó con cuidado en el pasto y se sentó a contemplarla.

-Es la primera vez que tengo algo valioso que es mío.

¡Sólo mío! -pensaron los dos simultáneamente.

Jorge Bucay

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